A contra reloj hacia la laguna El Huemul

De repente un cuetazo…luego otro y a los 10 minutos otro más fuerte. Tratamos de hacer algunas fotos, pero no se pudo, estaba muy oscuro. ¿Cómo se hace una foto de un cuetazo, cuando en realidad es un sonido? 

En donde estábamos sí se podía hacer. Los cuetazos eran con pirotecnia incandescente, de color rojo intenso.

Foto con luz de atardecer de un pulso eruptivo del Volcán Chillán.

En ese momento, bajábamos de la Laguna El Huemul y teníamos frente a frente al Volcán Chillán y su caldera incorregible. Nunca había visto algo así.

La experiencia de presenciar un espectáculo nocturno como ese es algo sobrecogedor y coronaba una jornada también sobrecogedora, con un ascenso contra reloj hasta la mítica laguna, enclavada en uno de los cordones montañosos adyacentes al Valle Las Trancas, en la cordillera de Ñuble.


En mi mente pensé, ojalá la gente vaya al mall, pero me equivoqué. Había tacos y caras largas ese día para llegar a Sangri La y vehículos tratando de darse vueltas.

Panorámica del Valle las Trancas desde El Huemul.
Foto: www.agenciagradual.com.

Pero había nieve, y mientras la decisión de la mayoría fue jugar con ella, para nosotros era una compañera vital si queríamos llegar allá arriba, a los 2 mil metros sobre el nivel del mar, que es donde está el hogar de la laguna El Huemul. El taco, nos hizo estacionarnos mucho más abajo de lo calculado. Eran ya las 3 de la tarde y con el plan que habíamos escrito en el papel pendiendo de un hilo, nos embarcamos en la travesía sin saber si lograríamos el objetivo.

Mordor

Para los que han subido a El Huemul, saben que el primer gran obstáculo es el paso por “Mordor”, una antigua corrida de lava que está ahí para hacerte la vida más difícil, si quieres llegar hasta las ruinas del ex refugio Shangri La.

Desde ese punto, las cosas se ponen cuesta arriba, literalmente. ¿Quién no ha perdido la huella en el bosque antes de la subida? Y con nieve todo se pone peor, metiendo las patas donde no se debe entre medio de los arbustos.

Cuando al fin encuentras el camino, te das cuenta que se te viene la montaña encima y que por ahí hay que seguir.

Mi última vez allí fue hace 4 años y no me acordaba que hasta las uñas sirven para afirmarse y subir. La nieve un tanto derretida, junto al barro, conformaban una inestable mezcla, que te puede voltear en cualquier momento y dejarte al fondo de la quebrada a decenas de metros abajo.

Capturas de video

Aparte de los rigores propios de una ruta dura, exigente y peligrosa, nos inquietaba el hecho que no nos encontrábamos con nadie. Ni siquiera en contra.

El reloj avanzaba sin piedad. Los rayos de sol se perdían entre la sombra y nosotros a mitad de cerro, gateando por una pared rocosa, con agua cayendo.

Un par de metros más arriba, nos volvió el alma. Intercambiar palabras con otro ser humano, más si este venía de bajada, es igual a una inyección de bencina a la vena.

Sin embargo, el combustible se esfuma rápido. La ruta no te da descanso y cuando crees divisar el final, te das cuenta que sólo es un paso más. Así, la receta de esta lucha seguía siendo la misma; ocupar las piedras, árboles, ramas, pasto, los bastones de trekking y todo lo que estuviera al alcance para seguir subiendo.

Alrededor de las 5 de la tarde y con evidentes suspiros de cansancio, notamos que un viento proveniente del otro lado comenzaba a circular. Indicio claro de la presencia de la cumbre. 

Así, con un hilito de respiración, arribamos a uno de los bordes del cerro que encierra a El Huemul, donde se pueden obtener panorámicas con la laguna congelada en pleno invierno.

Luego, el viento se transformó en brisa y nos permitió desplegar el dron para obtener algunas imágenes. El atardecer y el silencio allá arriba te regalan momentos que cada uno puede interpretar como formas misteriosas o sentimientos.

Laguna El Huemul, vista hacia el oeste. 2021, www.agenciagradual.com

La tranquilidad en la cumbre fue rota solamente por unos pasos. Un par de excursionistas habían subido después de nosotros, pero para ellos el tiempo no era tema; venían equipados para quedarse. 

No pensaba sentir envidia en los 2 mil metros de altura, pero de verdad la sentí. Los compañeros excursionistas se sentaron tranquilamente en una roca, para tragarse todo ese bello atardecer, así como si se comieran una exquisita pizza familiar,

solos, sin convidarle a nadie. Sin embargo, nos despedimos, deseándonos éxito mutuamente, para dejar atrás el sol ameno y rojizo que se escondía por el oeste, para bajar por la cara este del cerro.

El crepúsculo pronto nos invadió, así también como las alertas necesarias para colocar todos nuestros sentidos en la bajada y no pisar en falso e irnos al fondo del barranco. 

Laguna El Huemul, Volcán y Nevados de Chillan, 2021 www.agenciagradual.com

Casi a mitad de bajada, el volcán nos mostró sus dientes. Como para recordarnos que allá arriba, ellos juegan de local, los humanos somos sólo invitados. Nosotros decidimos no temerle y apreciar el espectáculo que nos otorgaba, con respeto y admiración.