«La ciudad más violenta del mundo, más que Kabul o el Líbano en ese tiempo. Allí nació mi hijo»

Edgard Garrido Carrera, fotoperiodista chileno, rememora su paso y el de su familia por San Pedro Sula, la segunda ciudad de Honduras y la más violenta del mundo por esos años. Premiado el 2019 con el Pulitzer en Estados Unidos, hoy está de vuelta en Chile tras ser corresponsal en Centroamérica y México para las agencias Reuters y Asociated Press, en distintos periodos, por más de 20 años.


Así como en una película de acción, escapó varias veces contra el tránsito; incluso estuvo encerrado en una embajada con un presidente derrocado. También, mientras iba con su familia, lo siguieron y amenazaron con pistola en mano, incluso al interior de una estación de servicio. “Dimos vueltas y vueltas en la gasolinera para llamar la atención y el tipo nos seguía igual”.

Por más de 24 años, la vida para el fotoperiodista chileno Edgard Garrido Carrera, oriundo de la ciudad de Puerto Varas, no fue escasa en este tipo de hechos. Relatar con imágenes los dolores, la angustia, las crisis y la violencia que cruzan la vida de miles de personas en Honduras, Guatemala, Haití y México, entre otros países, es un trabajo que permea la realidad cotidiana de muchas maneras. Al final, las cámaras y lentes son actores secundarios frente a la mirada, la voluntad y el ingenio para salir de situaciones difíciles, en las que corre peligro la vida.

Pero si decimos que Edgard Garrido vivió muchos momentos particulares y diferentes, es verdad. Corría el año 2018 y trabajando como corresponsal para la Agencia Reuters en México, se embarcó, literalmente, en una cobertura que creció como la espuma y que incluso detonó la respuesta del mismísimo presidente Donald Trump (en su primer mandato), frente a la caravana de miles de migrantes de países centroamericanos, que vía México, pretendían llegar a Estados Unidos.

Esa cobertura en profundidad, como él mismo lo explica, lo catapultó a la alfombra roja del periodismo mundial; junto a un equipo de fotoperiodistas de la Agencia Reuters, fue galardonado con el prestigioso premio Pulitzer en Estados Unidos. 

Trabajo en equipo, con profundidad y despliegue

Edgard Garrido Carrera es fotógrafo y periodista, con una vasta trayectoria como corresponsal en Centroamérica, entre otros lugares. Se inició en Diario La Tercera, donde estuvo 4 años. Después, ingresó a la agencia Associated Press en Honduras y posteriormente trabajó por 17 años en la Agencia Reuters, publicando en los principales medios de comunicación del mundo. En 2019, fue parte del equipo premiado con el Pulitzer por la cobertura de la caravana de migrantes hacia Estados Unidos.

“Nosotros fuimos distinguidos en la categoría Breaking News, que son noticias de alto impacto; premia la capacidad de, sobre todo, mantener vigente una noticia prolongadamente para la audiencia a nivel mundial, proceso que requiere metodología y despliegue”. 

Michoacan state, Mexico April 17, 2018. Foto: Edgard Garrido

Sin embargo, esa cobertura partió con lo puesto. El paso de los migrantes por líneas de tren en las inmediaciones de Ciudad de México, era algo ya común, pero ese día la curiosidad lo llevó a subir sin nada más que su equipo fotográfico. “Empecé a ver que la gente se subía a los trenes, familias enteras se subían y me subí. Me fui en tren y no volví”, recuerda de la travesía hacia el norte, siendo el único fotógrafo que permaneció al interior del convoy desde el principio.

Llegó hasta la frontera con EE.UU, la historia creció y fue detectada por Trump. “La historia se publicó, Trump dijo que las puertas del país estaban cerradas, pero las fotos de la gente arriba de los vagones eran elocuentes y el tema se masificó”.  

Inquietud

“Cuando estaba en la universidad viajaba por ejemplo a Perú, a Bolivia, buscando temas. También estuve en Cuba. Me atraía lo que estaba pasando en ese momento allá y visualmente sabía que tenía muchas oportunidades de fotos, entonces ahí viajé constantemente, me quedé por periodos largos”, recuerda.

Sin embargo, nada de eso se parecía a lo que estaba por vivir en 2009 en Honduras, teniéndolo a él viviendo por dos meses junto al protagonista de la siguiente historia.

En 2005, Manuel Zelaya Rosales asumía la presidencia de Honduras, siendo en un primer momento cercano a la política estadounidense. Sin embargo, eso cambió drásticamente durante su mandato. “Y los militares en Honduras, solicitaron apoyo de Estados Unidos para un golpe de estado, porque veían que estaba creciendo mucho Chávez. Sacaron al presidente Zelaya en un avión a Costa Rica”.

México Abril 14, 2018 /Edgard Garrido

Ese día 29 de junio era jornada de plebiscito en Honduras y la prensa se entera que los militares estaban en la casa de Zelaya. “Se lo habían llevado. Fuimos hasta la casa del presidente y estaba rodeada de militares. Yo me acuerdo que logramos hacer fotos, pero nos golpearon mucho, a mí incluso con la culata de un rifle”, recuerda.

Luego, el derrocado presidente intentó ingresar en varias oportunidades, y cuando lo logró lo llevaron al edificio equivocado. “Lo llevaron al edificio de Naciones Unidas, pensando que el recinto tenía inmunidad diplomática, pero no. Entonces lo llevan a la embajada de Brasil, en Tegucigalpa”.

“Yo y otro fotógrafo seguimos a la comitiva, nos dejaron entrar y nos dimos cuenta que Zelaya estaba allí. Eso fue el inicio de una experiencia que duró dos meses, de estar encerrados en la embajada, yo no sabía que iba a cubrir eso por tanto tiempo, y estaba con lo puesto”, explica.

Sin posibilidad de salir y con el interés mediático a cuestas, los días fueron pasando, foto tras foto y despacho tras despacho en el edificio diplomático brasileño. Al principio, ni siquiera había alimentos, pero gracias a gestiones de Naciones Unidas, los militares que tenían rodeado el recinto, otorgaron cierta flexibilidad.

Así mismo, poco a poco se comenzaron a generar lazos entre las personas que estaban al interior de la embajada. Incluso, la música de Los Jaivas amenizó los días de encierro. 

Sin embargo, recuerda que también hubo tortura psicológica “Llevaban una antena (los militares), que emiten un sonido muy agudo, a alto volumen. Y los ponían a las tres de la mañana, estábamos durmiendo y de repente empezaba el ruido”.

En ese contexto, mantener la actitud mental fue imprescindible. Era una cuestión psicológica, confiesa. “Yo trotaba en una terracita de tres por cuatro metros, corría como si estuviera preso, en un cuadradito, como un hámster. Lo hacíamos para mantenernos en una actitud mental sana”.

No obstante, y a pesar de todo, el reto más desafiante fue mantener el interés periodístico. “El aprendizaje grande, fue mantener una historia durante tanto tiempo. Eso fue muy complicado, mantener cautivo ese interés, porque después fue disminuyendo. Aparte, para mí también significó mantener el interés fotográfico”, enfatiza.

Ciudad Hidalgo, Mexico, 2018. /Edgard Garrido

“Después de salir de la embajada, los militares me querían hacer firmar una hoja en blanco. Después de eso me sacaron mis colegas a un hotel, contrataron algunos autos, me metieron a uno, me llevaron, después me cambiaron otro auto, y en el que venía se fue para otro lado. Me metieron a un hotel, porque lo que pasa es que habiendo estado tanto tiempo ahí, con un país tan violento, políticamente en ese momento con un golpe de Estado, era muy fácil acabar con la vida de alguien. Si antes ya era fácil, imagínate”.

“Entonces yo, estando con el presidente encerrado, era una derecha más. Se generó entonces, toda esta estrategia, de pasar de uno a otro hotel para protegerme. Ahí estaba mi familia esperando, ahí estuvimos dos semanas metidos en estos hoteles, después me mandaron a Chile, para que pasara un poco el tiempo”.

La violencia que cruza vidas

Si bien las coberturas implican episodios de peligro, también tuvo que afrontar la vida cotidiana en lugares donde la violencia es condimento diario. “San Pedro Sula, por ejemplo, la segunda ciudad más importante de Honduras, era la ciudad más violenta del mundo. Más que Kabul, más que el Líbano, más que cualquier lugar que estaba en conflicto o en guerra en ese tiempo. Ahí nació mi hijo, en San Pedro Sula. Así que eso significó muchas experiencias extremas para nosotros y para mi familia. Y yo no era un corresponsal que llegara a cubrir una historia y me iba, yo y mi familia vivíamos allí. Eso significaba tomar medidas para guardar nuestra seguridad”.

Además de eso, recuerda, “mientras iba y volvía a una cobertura, la ausencia duraba seis o siete meses. Justo ese año de la embajada también sucedieron muchas cosas familiares. Así que por ellos era momento también de poner una pausa. Y mi hijo también, porque lo justo es que él tenga cierta tranquilidad. Entró en la etapa de la adolescencia, que es muy bonito y quiero que también experimente cosas como las que yo viví cuando estuve en mi adolescencia acá”,

En terreno, vio a mucha gente empezar o terminar ciclos. Uno de ellos está vez se abre en la vida de Edgard Garrido, retomando dinámicas y con el desafío de seguir abordando historias, desde otra perspectiva. “Tal vez la forma más convencional de hacerlo sea a través de la violencia, porque es algo que estuvo presente siempre durante mi trabajo, pero si tú también empiezas a buscar otros hilos conductores para organizar esta narrativa, siempre vas a encontrar distintas formas”.

“Ahora se cumple una buena etapa, tal vez de manera de escuchar también hacia el propio trabajo, porque en la vorágine del día a día a veces no logramos organizar o ver qué es lo que estamos haciendo. Esta etapa ha significado mirar el trabajo que he logrado, buscar una forma de organizarlo, demostrarlo, presentarlo. A nivel familiar también ha sido importante tener cierto descanso, porque ellos han sido un apoyo fundamental y han vivido también las repercusiones de todo esto”, concluye Edgard Garrido.